Las festividades están de moda en estos días, la mayoría de adultos con cara de preocupación más que de dicha por las deudas que les toca asumir, los jóvenes siempre de la mano de alguien y no por eso menos angustiados y los niños, ah ellos si que se divierten!. Aunque no queramos nos salpican un par de sonrisas; a ti, a mi, a ustedes.

Unos días y esta pequeña ciudad se ha convertido en una sucursal de Europa con ropa, peinados, costumbres y dialectos no convencionales. Sonrío al percibir que no somos las únicas mujeres que caminan tomadas de la mano. Si todos ellos se quedaran para empezar de nuevo en este país que necesita que todos arrimemos el hombro, pero no, ellos escaparán otra vez. Suspiro.

Me has dicho que hoy me llevarás a un lugar al que no hemos ido.

Me has dicho que esta noche quieres cenar con la mujer que amas, acariciar mi alma y refugiarte en mi mirada.

Hemos salido a comer cientos de veces, a cientos de lugares, solas, acompañadas, entusiasmadas y otras veces indispuestas, pero has mencionado “cenar” y lo has dicho con formalidad en tu voz, y no se que significa. No podrías pedir mi mano otra vez así que mi mente divaga imaginando esta velada.

Finalizar un año ajetreado y apenas provechoso podría ser el motivo de nuestro primer brindis pero yo preferiría hacerlo por cada segundo que hemos permanecido juntas, por cursi que suene.

He estado triste desde ayer y lo notas, talvez no estoy dando todo de mí para que las cosas salgan bien, aún no he aprendido a manejar el acelerador. Te has tomado tu tiempo para conocerme, para hacerme reír, para jugar y para llorar; sin duda eres la persona que más me ha soportado. Solo queda agradecerte por un año más de este maravilloso sentimiento.

Abrázame amor, el huracán apenas presenta sus primeros vientos densos y yo me siento en un centro de baja presión.