ExNovia: Hola como estas?
Xena: Estoy bien, gracias.
Exnovia: Cuéntame alguna novedad?
Xena: Hace rato mi novia me trajo una rosa.
Ex novia: No se supone que ese es tu papel.
Xena: Mi novia puede regalarme rosas cuando quiera y viceversa, no creo en los roles.
Exnovia: No son roles, es algo por naturaleza.
Xena : WTF?

Debo suponer que tengo un poco de culpa en ello, parte de su vida vivió pensando que dentro de mi no había una chica, si no un chico. Y que ser lesbiana era eso, un chico encerrado en el cuerpo de una mujer. Algo me hace pensar que durante todo este tiempo mi percepción sobre el lesbianismo ha ido evolucionando, sin negar que al leer lo que dijo mi ex novia me dio una ligera impresión de que aquí alguien se quedo atrás.

Cuando era adolescente vivía mi identidad lesbica profesando mi “activismo” trataba de sentirme, parecerme a un chico, solo para agradarle mas ella, o porque seguía en la búsqueda de mi identidad propia, hay muchas mujeres que viven así, otras porque realmente se sienten identificadas con el genero masculino y están totalmente convencidas que debieron ser hombres.

Talvez en el pasado no hubiese aceptado una rosa o un detalle de otra mujer, porque dentro de mis conceptos no estaba permitido, así como también no estaba permitida la satisfacción de ser tocada, mientras pretendía tragarme el cuento de que con ver a mi pareja excitada y alborotada para mi era suficiente. Ser lesbiana no es reprimir a la mujer que se es. Aunque algunas nos cueste en su momento comprender esto.

Ser lesbiana, no te impide que puedas recibir flores, chocolates, o un gesto galante de tu novia o cualquier otra mujer. En esta sociedad heterosexista los roles están bien marcados, el hombre debe ceder el puesto por gesto de caballerosidad a la dama, la mujer recibe las flores, chocolates y peluches por parte del hombre. Y nosotras caemos en lo mismo tratando de imitar y repetirlos en nuestro mundo lésbico; no juzgo a las mujeres que quiere parecerse o sentirse como un chico; mas bien estoy en contra de la represión que muchas veces nos autoimponemos para prohibirnos cualquier gesto o deseo que se manifiesta en nuestra esencia de mujer.

Nuestra naturaleza es amar, sentir y vivir. Dejando que nuestros sentidos nos lleven a la satisfacción plena de la sexualidad elegida.