Pocas veces me he cuestionado cuantas parejas he tenido, en realidad pensaba que solo eran cuatro, nunca me considere una mujer promiscua por que no me involucraba sexualmente con todas, pero aun así me siento un tanto comprometida el número a llegado a nueve; para muchas personas me dirán es poco pero para mi es demasiado.

Me hago esta reflexión porque a menudo con mis amigas lesbianas discutimos el gran dilema; el porque todas terminamos tarde o temprano involucrándonos con la ex novia de una amiga o conocida, dicen que el círculo lèsbico es tan pequeño que no es fácil encontrar a otra mujer con su historial limpio, pues yo creo que ese el precio que se tiene que pagar por pertenecer a una minoría y por creer que si no se aprovecha esa oportunidad no habrá otra.

Tenemos tanto miedo a la soledad que decimos embarcarnos ante la mínima señal que nos da una mujer como señal de agrado, sin pensar en las consecuencias que pueden surgir de una mala decisión.

Es difícil decirle al mundo soy lesbiana, pero aun mas complicado es elegir nuestra pareja, aquella que aunque tenga miedo cuando el resto se entere de la relación permanezca a nuestro lado, la que aunque no comparta la misma clase de amistades intenta ser sociable, sobre todo la que no te hará la vida imposible porque terminaron la relación.

El mundo lèsbico a veces se esmera en demostrar que es un pañuelo, como hace pocas semanas sin querer comprobé al entrar a chatear en un viejo lugar que no concurría hace años, para muestra un botón, encontré a la ex novia de la actual pareja de mi ex novia suceso muy gracioso por cierto.

Es un hecho que las lesbianas estamos en todos lados, lesbiana es la abogada, la enfermera, la ingeniera, la periodista, puede ser la vecina o quizás la persona sentada a lado nuestro en un autobús.

Cual es el afán de querer tropezar con todas las piedras del camino, si es más fácil evitar un desatino.