La paciencia es una virtud que admiro.

Tomar las cosas con calma, reorganizar y reiniciar la batalla.
Esperar el mejor tiempo, la mejor circunstancia, la mejor opción.

Creo que siempre tuve problemas con el significado de esperar, talvez porque siempre pasé esperando y la espera se constituía en mi único lugar seguro.
Pero ahora siento ese fuego que nace en mi mente, se refleja en mi estómago y crece a través de mi corazón, llena mis pulmones y llega a mi garganta para convertirse en palabras, en gritos.

Quiero equivocarme, quiero saltar al abismo y que la desesperación queme cada hueso de mi cuerpo, quiero aislar los sentimentalismos y que esta vez las lágrimas se justifiquen con logros, con cumplimientos, con hechos.. mis hechos!

Mentiría si digo que la vida no me ha tratado bien, he tenido la seguridad de un hogar, de lo bueno siempre lo mejor, lo que he necesitado.

Mentiría si digo que el miedo no me paraliza, que la mitad mas uno de mí no se sentiría feliz bajo este paraguas que me protege del sol pero a la vez me impide recibir su calor.

Mis mentiras siempre tienen un punto débil, aprovéchalo. Haz que mi máscara de niña fuerte caiga, sal de tu encierro, sal de tus pretextos y sé feliz.. conmigo.

Juro por mi dios, que la espera ya no es una opción.

Existe un punto en que la paciencia deja de ser una virtud.